1. Identifique el material y el acabado
Revise etiquetas, instrucciones de compra o zonas discretas del mueble. Una mesa de madera barnizada, una superficie enchapada y una pieza de cuero no responden igual al agua ni a los solventes. Si no está seguro, use un paño seco y limpio mientras busca una indicación específica.
2. Quite el polvo antes de humedecer
Un paño de microfibra suave ayuda a evitar que el polvo actúe como abrasivo. Para ranuras, use una brocha de cerdas suaves. Humedezca el paño, no el mueble: el exceso de líquido puede filtrarse en uniones, bordes o tapizados.
- Trabaje por secciones pequeñas.
- Evite esponjas ásperas y cepillos duros.
- Seque sin frotar en exceso.
3. Proteja de la luz y de la humedad
La exposición continua al sol puede alterar tonos y resecar algunos acabados. Aleje muebles de fuentes directas de calor y atienda derrames tan pronto como sea posible. Mantenga una ventilación normal en habitaciones con poca circulación de aire.
4. Cuándo detenerse
No fuerce cajones, patas flojas o herrajes deteriorados. Si hay olor persistente a humedad, moho visible, grietas estructurales o un acabado que se desprende, suspenda los productos caseros y busque una valoración adecuada.